viernes, 24 de julio de 2015

OPINIÓN: EL MERCADO DE ABASTOS

En las décadas de los 80 y 90 con el boom de supermercados y grandes superficies supuso un cambio en la oferta y un reto para la supervivencia de los mercados de abastos y comercios tradicionales que compartían espacio en nuestros barrios.

Los hábitos de compra cambiaron y aparecieron centenares de nuevos productos y formas de consumo.
La flexibilidad en los horarios comerciales permitió equilibrar la balanza a favor del nuevo comercio en contra del tradicional.
Ante esta situación, el relevo generacional de padres a hijos, se hizo más difícil para salvaguardar el negocio familiar.

En esta última decada hemos visto como los mercados de abastos supervivientes han ido modificando su estrategia para continuar al pie del cañón.
Algunos se han reformado incluyendo en su oferta comercial un supermercado garantizando así la afluencia de clientes.
Otros siguen luchando con su oferta tradicional, persiguiendo sobrevivir a base de variedad y calidad de producto y del trato personal con sus clientes de toda la vida.
Y otros se han transformado ofreciendo espacios de degustación y actividades relacionadas con el ocio y la cultura gastronómica.

Recuerdo con añoranza cuando de pequeño acompañaba a mi madre los sábados por la mañana a comprar al mercado y regresábamos a casa cargados con bolsas de la compra. 
De los colores y olores de los puestos de frutas y verduras, encurtidos, bacalao, charcutería y carnicería, la pescadería, la droguería, el de casquería del cual intentaba separarme algunos metros...
Del jolgorio formado entre vendedores y clientes, y de la dificultad para moverse por los pasillos plagados por el gentío.
Experiencia imborrable en mi memoria.


Si vosotr@s quereis, nosotr@s también!

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